07 enero, 2009

Tras unos minutos pensando estas cosas, se levantó pesadamente y rodeó la mesa baja atestada de redacciones, trabajos y otros papeles del colegio. Se encaminó a la cocina, cuya puerta estaba justo en frente de la salita, pero antes de llegar se detuvo en el pasillo que las separaba y dio un vistazo alrededor. La ropa sucia amontonada al final del pasillo (porque daba a su habitación), un cuarto de baño con escasas superficies por ocupar de cosméticos y una salita con un par de sofás, una mesa baja, una lámpara y una tele bastante grande hacía ya casi un año eran la bandera de su recién adquirida independencia y motivo de orgullo; sin embargo el desorden general reinante en el apartamento le resultaba ahora agobiante por la cantidad de tareas que se requerirían para hacer de esto un hogar.
Entró en la cocina y se preparó un café de sobre, y mientras lo removía pensaba en su ingenuidad al creer que en unos meses ya se le habría ocurrido alguna historia que publicar con la que popularizarse y abrirse paso en las librerías... Sueños de juventud. En noches de bajón como ésta se le antojaba que hasta otra idea feliz como la echada por tierra por aquel maldito checo, lo único que le quedaba... (to be continued)

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