Silvano, ese pañuelo de mocos y lagrimas venido a más, por fin llegó.
Puntual como el mejor de los perros falderos, y cumplidor como un marido (antes de saber lo que realmente significa ser un marido), trajo no una, sino dos botellas de lucidez color whisky. Pobre diablo, piensa que algun día pasaré por el haro. Jajajaja.
La noche pasó sin hacer demasiado ruido, la idea no aparecía y la vista se nublaba con las horas. Gracias Silvano, este sabado en tu casa para tomar cafe. Silvano vistió sus ojos con unas RayBan y salió sonriendo a una mañana que le abrazaba. Su nuevo futuro por fin había comenzado.
16 enero, 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario