Manu, su ego y su sonrisa salieron del gimnasio como saldrían horas después del piso de Marta.
Pasó por el paqui que había bajo su casa, tomó la botella de White Label, y aun le quedaba hacer una parada más, por la casa del Chunguito. ... No pareceis sorprendidos ni asustados, eso es que no le conoceis. El Chunguito, hijo de la Chunga, era camello y maleante bien conocido por el barrio de Pedro, aun no ha salido en callejeros pero no faltará mucho tampoco. Vive en casa de sus padres, de lo que vende y lo que roba, y su novia esta muy buena.
Pedro no le temía, era del barrio, de su edad, habían crecido juntos y además era cliente esporadico, así que pasa pasa Petete, pasa a mi cuarto que mi madre ta sobando aun en donde la tele.
- ¿Tienes más de lo que me pasaste el sabado por la noche?
- Jajajaja, ¿más? ¿Pero si con lo que te pasé todavía te la tendrías que estar zumbando! ¿No te lo tomarías tu no?
- Pues entre que le eché de más, y que se me cayó el resto por nervios, no me queda más. Eso sí, mano de santo, la tía no se acordaba ni de que hubiera estado en la discoteca al día siguiente. Y una más en mi lista ;)
- Toma, con ésto tienes para dos más, son treinta pavos.
- ¿Treinta pavos? ¿Serás cabrón?
- ¡Si quieres inviertelos en media puta! ¡Que son dos noches de polvos continuados coño! ¡A mi no me regatees!
- Tio, que no llevo, llevo solo 20 euros que acabo de sacar.
- Pos aquí tienes, una dosis, una noche, 20 euros que me lo quitan de las manos...
Con la ligera sensación de haber sido timado, y sin posibilidad de retorno al statu quo anterior, mejor salir de ahí con una dosis que con ninguna. Ta luego que tengo que mojar.
24 enero, 2009
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