Haciendo un poco de introspección, quizás no era tanta su suerte. Si bien los acres recibidos en Virginia no dejaban de ser un lujo, el Nuevo Mundo era vasto y aún sin explorar, por lo cual todavía podría considerarse una parcela más. A dos fatigosos meses en barco de su preciada Inglaterra, a falta de otras contingencias, no parecía que éste fuera un destino propio de alguien a tener en cuenta en los círculos de influencia de la Corona (cosa del todo injusta dados los méritos que había acumulado a lo largo de su vida), aunque cierto es que sus amistades a este lado del océano eran para sentirse, como poco, respaldado.
Corría el año 1767, y se oían rumores de asaltos y pequeñas insurrecciones contra la autoridad local. Sir Wiliam no sabía qúe pensar, muchos amigos suyos hablaban encendidamente de injusticias perpetradas por los gobernantes y autoridades del Viejo mundo. No podía decirse que fuera tanto así, y personalmente se sentía ofendido en ocasiones por tan vehementes acusaciones, ya que de hecho dentro de sus territorios se contaban un par de aldeas, un pueblo pesquero y un pequeño emplazamiento de carácter militar, de donde recibía la mayor parte de las noticias de guerras en Europa y otros asuntos de interés. Si bien no se consideraba a sí mismo un líder ejemplar o un político especialmente dotado, llevaba instalado sólo año y medio, tiempo más que escaso para organizar un terreno de quince millas de costa por unas doce tierra adentro. No obstante dejó que las gentes del lugar siguieran sus costumbres y no recaudó más impuestos que los de los territorios vecinos. Sin duda alguien estaba atizando las brasas y, a pesar de toda la lealtad que debía a los colonos, su corazón todavía residía en Inglaterra. Estaba decidido.
Corría el año 1767, y se oían rumores de asaltos y pequeñas insurrecciones contra la autoridad local. Sir Wiliam no sabía qúe pensar, muchos amigos suyos hablaban encendidamente de injusticias perpetradas por los gobernantes y autoridades del Viejo mundo. No podía decirse que fuera tanto así, y personalmente se sentía ofendido en ocasiones por tan vehementes acusaciones, ya que de hecho dentro de sus territorios se contaban un par de aldeas, un pueblo pesquero y un pequeño emplazamiento de carácter militar, de donde recibía la mayor parte de las noticias de guerras en Europa y otros asuntos de interés. Si bien no se consideraba a sí mismo un líder ejemplar o un político especialmente dotado, llevaba instalado sólo año y medio, tiempo más que escaso para organizar un terreno de quince millas de costa por unas doce tierra adentro. No obstante dejó que las gentes del lugar siguieran sus costumbres y no recaudó más impuestos que los de los territorios vecinos. Sin duda alguien estaba atizando las brasas y, a pesar de toda la lealtad que debía a los colonos, su corazón todavía residía en Inglaterra. Estaba decidido.
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