Espoleó a Tormenta, pasó del trote al galope y la forzó aun más. Parecía una despedida más que un retorno a casa. Sir William solo sentía los pinchazos en el corazón de quien sabe que va a arrepentirse de provocar dolor. La decisión estaba tomada, pero eso suponía perder riquezas, perder poder, perder a Tormenta, enfrentarse a la Corona y condenar a Michelle a una vida sencilla.
¡No podía hacer eso! Detuvo a Tormenta en seco. Protestó relinchando pero fué acallada. Buscó el silencio que le permitiera escuchar el piano una vez más. Esas manos que tan bien acariciaban el piano no aguantarían así si tuvieran que conseguir comida fuera de palacio. Era la manzana más deliciosa del arbol prohibido, y él tan estúpido que quería devorarla, ¿y que ha sido ese ruido?.
Tormenta se inquietó, tambíen habia oido algo y se movía nerviosa. Mandó retroceder sin dar la espalda a la fuente de su sospecha, "Mierda, nos ha oido" fué lo último que necesitó oir antes de dejar atrás a sus torpes perseguidores a golpe de fusta. En un rapido vistazo atras pudo ver una docena de pueblerinos de quienes no podía sospechar nada bueno. Su corazón nervioso no le dejaba oir absolutamente nada pero dió por buena su fortuna por el momento.
31 diciembre, 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Muy bien enlazado, muy interesante!!!! Sigue escribiendo!
ResponderEliminar